Apuntes históricos sobre la antigua dolorosa nazarena

Sobre la antigua dolorosa titular de la hermandad de Jesús Nazareno, hay datos que nos llevan al último tercio del siglo XIX. De esta época son los primeros Libros de Acuerdos de la hermandad del Nazareno y Ntra. Madre y Señora de los Dolores. De la antigua Virgen de los Dolores, sabemos que pertenecía a las RR. MM. Agustinas Recoletas. Así viene señalado en el libro El convento recoleto de Jesús Nazareno de Chiclana de la Frontera, un profundo estudio de Domingo Bohórquez elaborado en 1998 sobre el convento a lo largo de su historia en todas sus facetas. En el capítulo dedicado a la cofradía y su evolución a través de los siglos, nos dice – de acuerdo con los citados libros de acuerdos de la hermandad – lo siguiente:

«La imagen de Nuestra Señora de los Dolores, colateral de la capilla mayor, no es de la cofradía, pues las religiosas la costearon con las limosnas que, para la Señora y el retablo en que está puesta, dio don Antonio Dominguez Gallego y don Miguel Angel de Andrade, enviadas desde Méjico, y la condesa de don Javier, de Caracas, y don Miguel Miguel Subiegi, con lo que se ha costeado todo y los vestidos del nicho y los que saca para la procesión, por no ser decente la imagen que tenía la cofradía y se le hace gracia de darlo todo para la procesión, con todos los adornos que tiene y sólo es de los hermanos las andas y repisa en que va puesta«

Esto se conserva en el Archivo de la cofradía de Jesús Nazareno: Libro I de Acuerdos de la Hermandad de Jesús Nazareno (1876 – 1894), cabildo de 8 de abril de 1876.

La dolorosa, realizada en madera de cedro policromada, luce manto bordado en oro propiedad de la hermandad, del que se debería haber proporcionado algunos datos en su catalogación, como el que fue elaborado por las monjas agustinas en el año 1918 y costeados por el Padre Caro, mayordomo de la hermandad por aquel entonces. Datos que ya eran conocidos. Además, ésta y otras vestiduras fueron expuestas en la muestra de arte sacro “Estelas de Piedad” con motivo del VII Centenario, en 2003.

Así, puede saberse que la antigua Virgen de los Dolores, propiedad de las monjas, sustituyó a otra anterior, que procede seguramente de la primera etapa de la hermandad. También se desprende los nombres de los que enviaron limosnas al convento aquellos años, ayudas económicas que las monjas reunirían para costear la imagen de la Virgen de los Dolores, su retablo, ajuar y gastos de la procesión (andas y enseres). Las ayudas por parte de los indianos y de la burguesía comercial gaditana seguían siendo parte fundamental que sirvieron de gran ayuda a las monjas, especialmente en tiempos de dificultades.

Por lo contexto que se advierte según las circunstancias de la época descrita, y gracias a los libros de acuerdos de la hermandad donde vienen los sucesivos cabildos y las decisiones en ellos tomada, se deduce que la hermandad pasó anteriormente por un período de inactividad durante algunos años en el siglo XIX. Los procesos desamortizadores se van a suceder a lo largo de dicha centuria, iniciados ya a finales del XVIII con la desamortización de Godoy, cuando la cofradía perdía la única propiedad rústica que poseía, cuatro fanegas de tierra de labor que eran adjudicadas a don Agustín Díaz por el precio de 7.875 reales y 34 maravedís, el 30 de diciembre de 1799.

Las desamortizaciones influirían mucho en la vida de las cofradías, al poseer éstas propiedades de tierra de las que obtenían parte de los beneficios para su propio sustento. La pérdida de tierras haría menguar la vida de algunas cofradías, aunque también es una época de nuevas concepciones en las hermandades, que lleva a que muchas se reinventen y tomen un nuevo impulso, sobre todo durante el reinado de Isabel II.

En el primer Libro de Acuerdos de la cofradía de Jesús Nazareno que se conserva, que data de 1876, ya figura con la nueva dolorosa titular, por lo que hace pensar que fueron las monjas las que revitalizaron la cofradía en dicha época, proporcionándole – gracias a las limosnas y beneficios –, nuevos bienes patrimoniales con los que la cofradía llegaría al siglo XX. Antes, en 1880 se aprobaron nuevos estatutos, inaugurándose así una nueva etapa en la que tendrá especial protagonismo la renovación de enseres, horarios de salida (en 1912 pasaría a realizar su estación de penitencia el Jueves Santo, en vez de la madrugada del Viernes Santo, como vino haciendo anteriormente), así como en 1917 incorporan una imagen de la Verónica y en 1919 también con la cofradía iba a procesionar el Señor de la Humildad y Paciencia.

Por aquel entonces, entre 1912 y 1927 ocupaba el cargo de mayordomo el sacerdote Francisco de Paula Fernández-Caro (el Padre Caro), quien costearía gran parte del patrimonio de la cofradía (nuevas túnicas bordadas, pasos y enseres. De esta época es por ejemplo la túnica de cola de Jesús Nazareno, inspirada en modelos del barroco tardío tan frecuentes en la zona, y que se basa en los gustos dieciochescos en los que las imágenes más devotas eran revestidas con amplios ropajes, como también el uso de las cabelleras naturales, configurando de este modo la iconografía tradicional que ha llegado hasta nosotros. También a partir de esta etapa el Nazareno presidirá el retablo mayor de la iglesia conventual.

Y más tarde, en 1966 la hermandad vivirá una nuevo auge, con grandes innovaciones por medio de una nueva junta; una etapa en la que se sustituiría la antigua dolorosa – que era propiedad de las Agustinas – por una nueva talla de María Santísima de los Dolores, obra de Francisco Buiza y bendecida en 1972.

(Bibliografía: Bohórquez Jiménez, D.: “El convento recoleto de Jesús Nazareno de Chiclana de la Frontera”, 1998.)

Por Alberto Morales

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